Las alejadas colinas de Fiésole, donde el majestuoso Duomo de mármol domina el paisaje, entregan una imagen falsa de Florencia. Desde allí todo parece tranquilo y encantador. No se ven ni las manifestaciones ni se escuchan las voces de protestas. No se siente el estallido de las bombas Molotov ni se palpa el clima de velorio entre los simpatizantes de la Fiorentina. Sin embargo, detrás de uno de los ventanales está el hombre que provocó semejante terremoto emocional con su partida. Nadie sabe cómo, pero hasta el frente de su casa llegó un grupo de hinchas. Algunos para rogarle que se quede; la mayoría, para desearle suerte o simplemente para verlo por última vez. Y el esfuerzo tuvo al menos una recompensa: Gabriel Batistuta los vio y se asomó a saludar con un gesto que mezclaba resignación y tristeza. Fue una cuestión de segundos, pero desgarró los corazones de uno y otro lado. Inmediatamente después cerró las cortinas en silencio. QUIÉN DA MÁS?
Apenas Batistuta anunció la decisión de abandonar la
Fiorentina, la ciudad que lo amó y lo gozó durante nueve años
como ninguna otra en el mundo estalló en una miniguerra
civil. Al mismo tiempo, en toda Italia se desataba otra
desenfrenada disputa por la contratación del delantero. Como
si se tratara de una subasta pública, oferta tras oferta iba
escalando la cotización hasta alcanzar una cifra insólita
para un jugador de 31 años.
Franco Sensi - dueño de una refinería de petróleo, varias
inmobiliarias y presidente de la Roma desde 1994 - quería
quedarse con Bati a cualquier costo. Y lo demostró su última
propuesta: está dispuesto a pagar 35 millones por el pase y
le promete a él otros 18 por tres años de contrato. Además,
para que se sienta cómodo en su nuevo club, le aseguran la
incorporación de su amigo Abel Balbo y la de su masajista
personal, Luciano Datti. Eso lo convierte en el jugador mejor
pago del planeta, desplazando incluso al fabuloso arreglo que
Alessandro Del Piero hizo el año pasado con Juventus por 5,4
millones anuales. Sólo había un inconveniente: en principio
el ofrecimiento de Sensi tenía fecha de vencimiento a las 48
horas. Es que el presidente, que en varias ocasiones le
suplicó a Vittorio Cecchi Gori que le vendiera al argentino,
quería tener todo firmado para este martes y causar un fuerte
impacto el día que la Roma cotice por primera vez en la Bolsa
de Valores de Milán. Toda una estrategia, una meditada
maniobra para elevar las acciones en un 30% y tratar de
equiparar el golpe de efecto que dio la Lazio al vencer en la
misma semana el scudetto y la Copa Italia.
¿Por qué no firmó inmediatamente? Bati no lo admite, pero a
pesar de semejante oferta tiene dudas sobre la conveniencia
de ir a la Roma. El club no gana un campeonato desde 1983,
esta temporada no clasificó para la Champions League y
tampoco tiene megaestrellas en su plantel. En ese sentido, al
argentino le tira mucho más la camiseta del Inter, incluso
hace poco lo hizo público. Además, el delantero de
Reconquista tiene otro sueño: el Balón de Oro. Pero sabe que
para eso no sólo hacen falta goles, sino también un título y
una destacada participación en la Champions League. Los
millones de la Roma no pueden comprar eso.
En diálogo con EL GRAFICO, Bati aclaró que prefiere esperar:
"El que elige soy yo, busco un equipo con pretensiones y
sobre todo una idea ganadora que tenga el apoyo de una
sociedad seria. Hablé con todos pero no me comprometí
con nadie, son todos grandes equipos. Piensen que para un
tipo de 31 años como yo esto es un gran orgullo, pero hay que
tomarlo con calma".
A diferencia de las urgencias de la Roma, al Inter, club que
preside Massimo Moratti - curiosamente también dueño de una
compañía petrolera -, le conviene estirar el proceso de las
tratativas. Mucho del futuro depende del resultado del
partido de este martes contra el Parma, donde el ganador
obtendrá un lugar en la Champions League. Si clasifica el
Inter, las posibilidades del goleador se acrecentarían.
Moratti, quien tendría un acuerdo de palabra desde hace meses
con Batistuta, se reunió en Milán con Aloisio para tratar el
pase del goleador. Pero cuando el representante le dijo que
tenía que mejorar o al menos igualar la oferta de la Roma,
estalló en ira. "No, yo en este juego de las subasta no
entro. Muy sencillo, me quedo con Vieri...". Esas palabras
contundentes que parecían cerrar la operación a favor de la
Roma en realidad no hicieron otra cosa que volver a poner en
carrera a la Lazio, el primer club que se interesó por
Bati.
"Claro que me gusta Batistuta, pero ya hay demasiados
argentinos", había declarado Sergio Cragnotti, magnate de la
industria láctea y presidente del campeón italiano. No
obstante, en las últimas horas se encontró con Aloisio
para charlar sobre el pase. Sin embargo, hay muchos que
sospechan que lo que está haciendo el hábil Cragnotti es
alargar la operación para favorecer al Inter y perjudicar a
la Roma. Si Bati firma para el Inter, existen grandes chances
de que Christian Vieri - una obsesión para el presidente -
vuelva a ponerse la camiseta celeste y blanca. Además, como
si fuera poco, con esa estrategia le arruinaría el negocio de
la Bolsa a la Roma.
La posible venta de Gabriel Batistuta causó también una onda
expansiva que afectó el club en lo institucional. En la misma
semana renunció el técnico Trapattoni y el vicepresidente Ugo
Poggi. Este último por un cortocircuito con Luciano Luna -
hoy por hoy la mano derecha de Cecchi Gori -, con quien el
argentino tampoco tendría buena relación. "Creo que Batistuta
quiere irse en parte por culpa de Luna. Ahora que nuestro
ídolo se va, él debe estar muy contento", sentenció Poggi. En
realidad, los problemas internos existieron siempre, pero la
fuerte presencia de Batistuta obró como contenedor, como
pararrayos en medio de las tormentas. Ahora ya no tienen
protección y todo sale a la luz. Diego Latorre, quien alguna
vez pasó por la Fiorentina, no dudaría en repetir sus
antológicas palabras: "Esto es un cabaret".
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